Después de un titulo tan rimbombante seguro esperan que esta entrada sea comparable con el Apocalipsis bíblico, pero aunque es importante, no llega a tanto...aún.
El miércoles pasado asistimos al zenit de un fenómeno atípico (pero que al mismo tiempo puede representar el nadir de los medios locales) que ha tenido lugar en los últimos meses: El Reality Show de Deiba. Dominga Peña, alias "Deiba" es una trabajadora domestica que labora en el hogar de una familia de clase media-alta/alta de esta ciudad y donde un hijo de la casa se dedicó a molestarla de diversas maneras y a grabar sus reacciones, para luego colocarlas en el omnipresente portal de vídeos YouTube. Vemos como el joven, del que solo sabemos se llama Luisi y que sus iniciales son LEHV, crea toda suerte de situaciones disparatadas para captar con su lente nuevas e inventivas reacciones de la señora en cuestión. Los vídeos colgados en la red comienzan a tener cierta difusión entre los usuarios de la misma, llegando algunos a alcanzar decenas de miles de visitas.

Entra Sergio Carlo. Reconocido y talentoso comunicador local, descubre en algún momento la existencia de los vídeos de Deiba y le causan tanta risa que decide llevarlos a su programa de radio del mediodía, donde los expone a su abultada audiencia, lo cual esparce aún mas el fenómeno. Carlo, que también funge como co-presentador de uno de los programas nocturnos de mayor audiencia, Cheveré Nights, decide entonces llevar a la Deiba a ese espacio, para entonces ya si darle la mayor exposición posible a la señora Peña en una de las plataformas mas vistas del país. Fue este miércoles 12 de Enero donde tuvo lugar la esperada y controversial presentación.
Se preparó toda una producción alrededor de Deiba, se le dió un cambio de imagen y se le llevo a la televisión nocturna dominicana, donde todo el país pudo "disfrutar" de este fenómeno en la comodidad de su hogar. A nivel de audiencia Deiba fue un éxito, pues hasta los detractores de la presentación sintonizaron el canal a la hora señalada. Risas, canciones, testimoniales familiares y demás elementos completaban así el especial programa, que, indudablemente, desapercibido no pasó.